Capítulo 0

Introducción

<p>Los trabajos monográficos que aparecen en este libro multimedia van firmados por sus respectivos autores en los capítulos correspondientes. Al haber sido un trabajo multidisciplinar, son muchos los nombres de las personas que han participado en diferentes fases de este proyecto. Otros especialistas no incluidos directamente en los trabajos aparecen mencionados en el extenso apartado de agradecimientos. Sin su colaboración no hubiera sido posible llevar a cabo gran parte de los trabajos que presentamos.

En el año 2007 se inicia el proyecto de excavación y recuperación de la Casa de la Diana Arcaizante, situada en la regio VII, insula 6, casa 3, en las inmediaciones del Foro de Pompeya, en la confluencia de las vías Nolana, Stabiana y Consularis, tres de los ejes viarios más importantes del área vesubiana. En dicho proyecto arqueológico participan la Universidad Complutense de Madrid, La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y la Escuela Española de Arqueología de Roma.

La idea de excavar en la VII.6.3 de Pompeya comenzó en 2006 a partir de una conversación con la profesora Renata Cantilena, de la Universidad de Salerno y el profesor Stefano de Caro, que había sido director de las excavaciones y conocía muy bien el yacimiento. Hablábamos de la posibilidad de hacer una estratigrafía para analizar los niveles más profundos de la historia de la ciudad, en una zona controvertida que se pensaba dentro de un recinto amurallado más reducido, que se remontaría a la época samnita. Nos hablaba el profesor De Caro de unos grandes bloques de papamonte en una casa que estaba muy cerca de la de Fabio Rufo al final de la Vía de las Termas. Se trataba de un lugar prácticamente abandonado para la investigación científica y para los estudios arqueológicos. Durante la Segunda Guerra Mundial había sufrido enormes daños, pero con posterioridad había sido víctima de su proximidad a la cafetería. La ínsula VII.6 había sido utilizada como depósito de material inservible, como desahogo trasero de la cafetería y, finalmente, como lugar de vertido de desperdicios y basuras. Parecía el lugar más idóneo para realizar una amplia excavación estratigráfica sin temor a destruir nada importante de los niveles más recientes de la ciudad, que es por lo general lo que vemos y visitamos.

Cuando comenzamos a estudiar la ínsula VII.6 de Pompeya comprobamos que había sido excavada en 1760 y que existía un plano de Karl Weber de las excavaciones hechas en un lugar de cultivo, extendiéndose hacia una u otra zona en función de los hallazgos que iban ocurriendo. Esta excavación se estaba realizando desde comienzos del año 1760 y es a ella a la que se refieren las cartas que Bernardo Tanucci envía al rey, quien hacía apenas tres meses que había dejado el reino de las Dos Sicilias y las excavaciones que tanto le agradaban. En el 2009 se iban a cumplir los 250 años de la llegada a España de Carlos III y nos parecía una fecha adecuada para realizar un estudio hasta donde se pudiese de aquella casa para ser presentado con motivo de esta efeméride. La complicación de los estudios arqueológicos, la recopilación de información de archivo y el análisis de excavaciones hechas en tres momentos diferentes nos fue llevando a una investigación cada vez más compleja.

Se trataba de la casa en la que en julio de 1760 se encontró la Diana que tanto llamó la atención, porque conservaba aún parte del color con el que había sido pintada en la antigüedad. Pero esta casa no fue identificada por quienes la volvieron excavar en 1910. Efectivamente, Giuseppe Spano excava toda la ínsula, que había sido explorada solamente en su lado norte con motivo de la excavación de la Vía de las Termas. Estaban descubiertas solamente las habitaciones que daban a la calle, porque lo que en realidad se había hecho durante el siglo XIX fue limpiar y hacer transitable la Vía de Nola desde la puerta en el extremo oriental hasta la casa de Fabio Rufo donde quedaba interrumpida. Cuando Spano excava la totalidad de la manzana levanta un plano en el que traza una línea de separación entre lo que ya estaba al descubierto en las excavaciones del siglo XIX y lo que él añade en sus diarios. En ellos alude al hecho de que aquél lugar ya había sido excavado por otros, pero no aventura ninguna hipótesis sobre el particular. Es en 1945 cuando Robinson se da cuenta de que la casa encontrada por Weber, parcialmente excavada en el siglo XIX con motivo de la limpieza de la Vía de las Termas y la manzana excavada por Giuseppe Spano al mismo tiempo que estaba también descubriendo el castellum divisorium de la Puerta del Vesubio, corresponden al mismo lugar. El hecho de haber sido encontrada en esta domus la escultura de Diana determinó el nombre que hoy le damos. Nos referimos a menudo a ella como domus VII.6.3. y también, en virtud de unos sellos de bronce encontrados en la excavación del siglo XVIII, se la denomina a veces como la domus de Fabius Decius Modestus y Marcus Spurius Saturninus.

El estudio de la casa se ha realizado en varias fases durante los últimos años. Una gran parte del tiempo ha sido necesario dedicarlo a los fondos conservados en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles (excavaciones del siglo XVIII) y depósitos de Pompeya (excavaciones de comienzos del siglo XX). La labor ha sido compleja pero hemos podido recuperar una gran parte de los objetos encontrados en ambos momentos. Por otro lado, la documentación de archivo ha hecho posible identificaciones que nos permiten hoy rehacer y entender los trabajos realizados con anterioridad.

Como resultado final de los estudios que íbamos realizando de la casa de la Diana Arcaizante se redactaron memorias anuales y se publicaron artículos monográficos. Pero la utilización de técnicas de campo basadas en los avances de la tecnología aplicable a los yacimientos arqueológicos, nos llevó a encontrar como la plataforma más idónea de edición una página web en la cual podríamos volcar imágenes y archivos en formatos muy diferentes. Esta página estuvo, y sigue estando, en www.dianaarcaizante.com/v1/, y fue en su momento valorada de forma muy positiva. Se ha utilizado y extendido en medios universitarios, en instituciones docentes de muchos niveles, y ha sido presentada en congresos y reuniones internacionales. El Instituto del Patrimonio Cultural de España nos ofreció su sede para hacer la presentación de una página que ofrecía gran cantidad de novedades en la utilización de los recursos multimedia para la edición. Durante varios años ha sido considerada hasta cierto punto un modelo, pero nos ha permitido también detectar los aspectos mejorables, al tiempo que la posibilidad de incorporar nuevas tecnologías para su desarrollo. Presentaba varias limitaciones y quizá la más importante consistió en que no era apta para su visualización en dispositivos móviles, debido al programa de diseño con que estaba elaborada. Pero nos interesa más la experiencia de cómo se comportaban en la página los usuarios. Nosotros habíamos escrito con texto e imágenes el contenido equivalente a un libro de 150 o 200 páginas, pero en el formato de una página web los usuarios permanecían una media de cuatro minutos. Esto se consideraba normal por quienes utilizan este tipo de plataformas, pero es un tiempo excesivamente reducido para entender el contenido de un libro con mucha información. La razón de esto es porque en las páginas web los usuarios exploran el documento, pero no lo siguen de manera ordenada. Es muy adecuada la palabra "navegación" que se emplea en estas plataformas. Nosotros, sin embargo, deseábamos encontrar la forma de que el contenido fuese leído de manera ordenada, como en cualquier libro de papel. El lector puede en cualquier momento hojear las páginas interiores y centrales de cualquier libro, e incluso puede ir al final para explorar o leer anticipadamente algo que le interesa. Pero siempre queremos que sea un libro en el que el discurso esté perfectamente planificado por un autor. Deseábamos cambiar la navegación por la lectura.

En un principio parece sencillo y puede argumentarse que nuestro objetivo era la edición de un libro electrónico, como muchos otros que ya se han diseñado y existen en el mercado. Pero el libro electrónico tenía para nosotros también muchas limitaciones similares a las de la edición en papel. Nosotros teníamos que encontrar la forma de introducir de manera ordenada no sólo texto con imágenes, animaciones, dibujos, bases de datos, y todo género de archivos sino también la colocación de esos archivos de tal forma que el lector hiciese un recorrido ordenado por todos ellos. Llegamos a la conclusión de que debíamos hacer uso de algo que está ampliamente desarrollado en las ediciones digitales de todo orden, y son los iconos. En la primera edición web que habíamos hecho tuvimos que recurrir a puntos interactivos que se explicaban mediante textos que unas veces eran desplegables y otras veces acompañaban al punto señalado con un círculo. Esto iba a ser uno de los objetivos de nuestro futuro proyecto y nuestro nuevo modo de editar los resultados. Diseñamos iconos fácilmente inteligibles del mismo modo que los vemos en multitud de ejemplos cada día en la pantalla de nuestro ordenador. Tan sólo era necesario encontrar el lenguaje iconográfico que podría estandarizarse y difundirse con el apoyo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Coincidía la creación de este vocabulario iconográfico con una larga trayectoria iniciada años atrás en esta institución para la elaboración del vocabulario básico de las artes. Los iconos para la edición multimedia podría ser un apéndice de ese proyecto o una línea de investigación propia. Optamos por lo segundo.

Al plantearnos la edición de todos los resultados multimedia obtenidos en el estudio de la Casa de la Diana Arcaizante en Pompeya de una forma no "navegable", llegamos a la conclusión de que era un elemento esencial la presencia de un autor. El papel que el director hace en el cine o la forma en que en un libro impreso el autor ordena su discurso, de igual modo se debe diseñar y escribir por un autor. Los estudios parciales de toda índole no son más que piezas que deben ser explicadas y unidas siguiendo siempre el mismo hilo conductor.

Título, autor, año de edición y todo lo que puede tener cualquier libro impreso, era la portada obligatoria de este modo de presentación que necesitábamos definir. El paso siguiente ha sido la ordenación de los capítulos y de ellos la configuración de un índice, una bibliografía, o cualquier tipo de contenido que se hubiera generado. Las discusiones con filólogos, con arqueólogos, con arquitectos, con historiadores del arte y con especialistas diversos en el mundo de la programación y el diseño multimedia nos han permitido obtener unos resultados preliminares que están siendo muy favorablemente acogidos en los sectores en los que estamos experimentando su presentación. Nuestro objetivo es diseñar un modelo que pueda ser utilizado por quienes tengan la necesidad de hacer ediciones en las que se combinen resultados tan variados en sus aspectos tecnológicos como los que presentamos nosotros en este momento. En este caso la gestión de contenidos está reducida y simplificada para que su actualización sea realizada por personas no expertas.

Los trabajos que se presentan fueron realizados con la ayuda del Ministerio de Cultura de España, la Universidad Complutense de Madrid y la Real Academia de Bellas artes de San Fernando. Han participado especialistas a los que tenemos que expresar nuestro reconocimiento y que figuran en la relación de autores de esta obra. Pero a todos ellos tenemos que añadir los nombres de quienes nos han abierto puertas y nos han ayudado en multitud de fases críticas de nuestra investigación. Hemos de mencionar en primer lugar a los profesores Stefano di Carlo y Renata Cantilena, que nos hicieron las sugerencias arriba indicadas y determinaron nuestra decisión de trabajar en este lugar. También hemos recibido en todos estos años apoyos y ayudas por parte de Antonio d’Ambrosio, que era el director de las excavaciones de Pompeya cuando iniciamos nuestros primeros trabajos. Igualmente a quienes le han sucedido: el doctor Antonio Varone, que nos animó siempre a trabajar en un lugar al que decía que tenían puesta una cruz por el estado de destrucción en que se encontraba. También la actual directora Grete Stefani y a los soprintendentes que han tenido a su cargo la responsabilidad de este conjunto arqueológico de dimensión internacional. Pier Giovanni Guzzo, María Teresa Cinquantaquattro, y actualmente el prof. Massimo Osanna. Queremos dedicar una especial mención a la persona que siempre ha estado a nuestro lado abriendo las puertas, haciéndonos indicaciones y facilitándonos información que nosotros no hubiéramos podido tener sin su ayuda, se trata del arqueólogo Giuseppe Vincenzo Sabini, con quien al cabo de los años hemos establecido una estrecha relación de amistad. Debemos también mencionar de manera muy especial la extraordinaria amabilidad y eficacia de Ernesta Rizzo en la secretaría de la Soprintendenza. Y son muchos más los nombres de las personas que nos han ayudado en Pompeya como María Luisa Pagano en el depósito de piezas y todos los que custodian y gestionan hoy el yacimiento. De igual modo hemos tenido que recurrir a la ayuda de las personas que tienen bajo su custodia los fondos documentales y arqueológicos en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles y en el Archivo de Estado. En primer lugar, la directora Valeria Sampaolo, y con ella Anna Lisa Esposito, Alessandra Vilone, y el responsable del archivo fotográfico Giorgio Albano. En el Archivo de Estado debemos nuestro agradecimiento a la directora Imma Scione y a la persona que más hemos tratado a lo largo de estos años, el doctor Damiano Gaetano. Sin duda son muchos más los nombres que podríamos añadir a esta lista de agradecimientos, pero de manera general debemos reconocer que los investigadores españoles recibimos siempre la más calurosa acogida en todos los lugares que hemos necesitado de nuestros colegas napolitanos.


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